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Nº XI

- Oye, el otro día por la calle de casualidad vi esto: un chico que pedía a la gente, le pidió a un señor que si le podía dar algo para comer. El señor le dijo que lo sentía, pero que no llevaba ninguna moneda encima. Entonces el chico le dijo bastante en serio que le podía dar algún billete. El señor le sonrió amablemente, algo así como queriendo decir que lo que le había dicho el chico sólo podía decirse en broma, y que por eso le sonreía así, y que por eso ya ni siquiera se veía obligado a decir nada más, porque lo tomaba como un chascarrillo de despedida por parte del chico.
- ¡Hombre, es que si te piden un billete no te lo vas a tomar en serio...!
- Sí, eso fue lo que hizo el señor. Y lo primero que llama la atención es la cosa tan simple de que, inmediatamente, el señor entiende que no hay nada más que hablar. O sea, se calla.
- ¿Y qué más habría que hablar...? Además, cuando le das una moneda a algún pedigüeño, también pasa lo mismo: le das la moneda y ya no se habla nada más.
- Sí, eso parece así: Mientras el Dinero funciona, se calla. O mejor: como nos callamos (o sea, que hay algo ahí que sin más se echaría a hablar) entonces el Dinero funciona. O mejor aún: el Dinero funcionando es eso: callar.
- Pero otra vez essageras: porque si alguien te pide la hora (en vez de una moneda), también se la puedes dar y no le dices nada más: eso también sería callarse, ¿no? Y no está ahí el Dinero.
- Eso no lo puedes decir tan segura, porque como le andamos dando vueltas a lo que es el Dinero y vemos que no sabemos lo que es, no podemos descartar que ande ahí o allá entrometido.
- En este caso, ¿por qué lo dices? ¿Porque puede que alguien te pida la hora porque esté pendiente del algún asunto de Dinero?
- Bueno, eso desde luego (entendiéndolo directamente así, como que el que te pide la hora tenga que ocuparse de algún negocio o trabajito suyo a tal hora). Pero no sólo eso. La pregunta sería si alguien puede interesarse en la hora que es si no es por el Dinero.
- Ahora sí que no te entiendo. Porque acabamos de decir, creo, que eso de tener que callarse era lo que se podría llamar Dinero, ¿no?
- Bueno, íbamos hablando y salía algo parecido, aunque no así como definición: Pero es igual, sigue.
- Bueno, pues eso. Y ahora dices que también es el Dinero el que nos hace querer saber la hora y nos hace preguntarla. Parece que dices que el Dinero es el responsable de todo lo que hacemos, hasta de cosas contrarias. Porque si el Dinero es callarnos, pues no será hablar para preguntar la hora, ¿no?
- Lo primero es contestarte a lo de que el Dinero sea el responsable de todo lo que hacemos. No, eso no lo hemos dicho.
Lo que sí es llamativo es darnos cuenta cómo cuando nos echamos a hablar, así como ahora, del Dinero (o sea, fijándonos en él, en vez de dejar que funcione normalmente) es muy habitual que salgan opiniones de ese tipo, que dicen: “Otra vez va a ser el Dinero; siempre el Dinero. ¡Qué pesadez!”
- Bueno, pero yo no he dicho eso.
- Ya, no así, pero quizá lo que has dicho venga del mismo sitio. Digo que es llamativo porque, por otro lado, nos están hablando y estamos hablando a cada minuto de Dinero. Sin entrar en las cosas que ocupan la vida de las gentes (los trabajos; las escuelas y guarderías para los niños, justificados abiertamente, a poco que se rasque, por el Dinero), podemos pensar, por ejemplo, en algo tan simple como estar tomando un café en un bar y, sin que venga a cuento, que por una de esas pantallas nos griten “¡Gana 500 Euros!”. Y entonces ¿dicen eso de “Otra vez el Dinero! Qué pesadez!”?
- No, parece que ya estamos tan acostumbrados a la Tele, que no decimos nada.
- Sí, a la Tele no se le puede decir nada, porque no hace caso, sigue hablando como si nada. Pero no se le dice a la Tele, ni a nadie. El Dinero, como fin y guía de vida, nos lo cuelan minuto por minuto sin que se deba protestar ni decir “¡Qué pesadez, el Dinero!”. ¿Cómo es que sale entonces eso cuando se siente hablar en contra de Él? Pues no puede ser más que porque se siente que para que siga eso funcionando (el Dinero, o sea, el Futuro, que se nos da como hecho) se necesita que no se hable de qué es eso; de que nos callemos; de que no hablemos en contra. Se siente que si tenemos que estar trabajando tanto por nuestro Futuro; estar tan pendientes de los despertadores; de no descuidarnos de perder lo que tenemos; de mantener nuestra posición en los trabajos, en la familia, con los amigos (y también, claro, de la posición de uno mismo ante sí mismo -es ese disparate que llaman la autoestima), todo ese trabajo de tensión y de aguante, de días y años, de ilusiones y miedos -que son lo mismo- se siente en viva amenaza al oír lo que quizá ahora pueda estar sonando con toda simpleza: “¿Para qué? ¿Para cuándo? ¿Qué es Futuro? ¿Qué es Dinero?“
- Ahora que lo dices así, se me ocurre que quizá esa tensión y aguante (esos miedos y esas ilusiones) justamente consistan en eso: en estar evitando hacerse esas preguntas.
- Sí, pero no evitando hacérselas -porque no hace falta, ni se pueden hacer adrede-, sino que ya están ahí ahora saltando las dudas y la negación. Y la tensión y el aguante, efectivamente, parecen ese esfuerzo penoso por disimularlas y callarlas; parecen la tensión y el aguante de callar: sin eso no hay Futuro que rija.
                   (Pablo. Madrid, abril 2013)

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